Recién nacidos-Consejos

¿Madre primeriza con un recién nacido entre tus brazos? ¿Tienes miles de preguntas que para tí son muy importantes y para los demás son tonterías por las que no debieras preocuparte? No estás sola, todas nos sentimos la peor madre durante los primeros 20 ¿años? de nuestro hijo…  por eso acá recopilamos algunas respuestas prácticas a esas “preguntas tontas” que tanto nos atormentan:

Hipo durante las tomas

El hipo no resulta molesto para los bebés más pequeños, salvo si aparece durante las tomas. En ese caso hay que esperar a que se le pase para seguir alimentándolo. Es eficaz cambiar al niño de posición, tratar de que expulse el aire o de re­lajarlo. Si persiste después de cinco o diez minutos de pausa, se puede dar al bebé unas cucharaditas de suero glucosa do (que alivia o pueden quitar el hipo) antes de volver a alimentarlo.

El hipo puede desaparecer cuando el bebé consigue expulsar el aire

Necesitan como 10 pañales al día

En cuestión de micciones, no existen reglas: mientras unos bebés hacen pis cada hora, a otros les basta con mojar los pañales cuatro o seis veces al día. Los intervalos entre micción y micción no son regulares (puede ensuciarse tres veces en una hora y permanecer seco en las tres horas siguientes), por lo que no es fácil cambiarlo cada vez que se moja. Pero conviene hacerlo a menudo para evitar las molestas dermatitis y las irritaciones de la piel.

En general, un bebé necesita unos diez pañales cada día.

Pequeñas alteraciones en la boca

Cuando el recién nacido llora o bosteza, los padres pueden descubrir que tiene una anomalía en la boca. No es infrecuente y suele carecer de importancia.

Una de las más típicas son unos acúmulos blanquecinos y prominentes que se extienden por el velo del paladar (en la línea que separa el paladar duro del blando) y los alvéolos de los dientes. Se conocen como “perlas de Epstein” y son quistes epiteliales que un día desaparecen solos. No conviene que los padres traten de eliminarlos: en el pasado se frotaban con una gasa y, a veces, lo que se conseguía era lesionar y hasta infectar la mucosa.

Otro de los pequeños trastornos propios de este período es la aparición de una prominencia en el centro del labio superior. Se parece a una callosidad suave y está algo más dura que la superficie que la rodea. Se le llama “almohadilla de succión” pero, a pesar de su nombre, nada tiene que ver con la maniobra que el niño realiza para obtener el alimento, ya que algunos bebés nacen con ella.

Más patológica, pero leve, es la hinchazón de la glándula sublingual, que toma forma de rana. Se le llama “ránula de quiste mucoso de retención” y se forma al obstruirse los conductos de las glándulas salivales submaxilares o sublinguales. Cuando es pequeña, se vacía sola; de los contrario, se tendrá que dilatar el orificio del conducto.

No suelen tener importancia

En los primeros días de vida, algunos recién nacidos presentan rarezas en la boca que no llegan a afectar su bienestar. Este tipo de anomalías leves son consideradas como “variantes de la normalidad”.

Las causas del estreñimiento

El recién nacido alimentado al pecho suele hacer deposiciones frecuentes, cada vez que mama o incluso más. Sus deposiciones pueden ser algo acuosas, de color verde e ir acompañadas de ruidos y gases. Todo eso es normal. Es probable que en los primeros meses el bebé no mantenga una regularidad en la frecuencia evacuatoria. Un día puede hacer seis veces y otro no evacuar pero retomar el ritmo al día siguiente o al otro.

Si pasan varios días y no hay “señales” se tendrá que consultar al pediatra para que verifique si su alimentación es escasa. En ese caso, su aumento de peso será insuficiente. También puede ocurrir que esté demasiado abrigado, la temperatura de la casa sea alta y no tome la cantidad de líquido que necesita. El remedio entonces es sencillo: proporcionarle agua y un ambiente más confortable. No es aconsejable colocarle supositorios, más que ayudarlo pueden perjudicarlo.

Otro motivo de estreñimiento puede ser un trastorno local del ano que dificulte la deposición como, por ejemplo, una fisura. El niño volverá a hacer caca con normalidad en cuanto trate el problema. Para eso, necesario que te pongas en contacto con su pediatra. Verás como todo se resuelve pronto.

 

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